
Ayer fue noche de difuntos. El día anterior ya habíamos dispuesto la mayoría de los adornos y colgado las telas de araña; quedaba servir en la mesa la merienda y preparar las chuches que daríamos a nuestros visitantes. Los disfraces presidían el ropero desde el día anterior, y el maquillaje fue lo único que dejamos para el último momento.